En 1690, Dinamarca era una monarquía absoluta consolidada bajo el rey Christian V, tras reformas que fortalecieron la autoridad real después de conflictos anteriores con Suecia. El reino incluía Dinamarca, Noruega y territorios ultramarinos, manteniendo el control estratégico sobre rutas comerciales clave del Báltico. Aunque guerras pasadas habían reducido su dominio, Dinamarca seguía siendo una potencia regional importante en el norte de Europa.
Esta es una reproducción impresa de un mapa histórico




















